domingo, 19 de abril de 2020

el susurro

   



    Aquella mañana me desperté con un augurio vago en la mirada. Había algo en el aire que me hizo estar atento. Abrí el ventanal que da a la terraza y caminé unos pasos, con cierto temor, como caminan los jainas, sin querer dañar aquel extraño equilibrio. Me detuve en el centro. Esperé. Se me hacía tan irreal lo cotidiano: el cielo tenía un azul inmóvil, los desconchones daban una armonía imprevista a las paredes blancas. Hasta el suelo de austera rasilla dispuesta en espiga parecía decir algo, pero qué.

    Poco a poco empecé a oír un susurro casi imperceptible. Permanecí quieto intentando identificar aquello. Era como una imperceptible vibración que venía de algún rincón o de todos. Cerré los ojos y por fin pude identificar: de las calas llegaba un murmullo blanco y naranja, de los geranios un rumor rosado, de los cactus una canción metálica, cada cosa estaba entonando su melodía, y del coro resultante se desprendía un susurro, que ahora se me presentaba como un canto general.

    Abrí los ojos después de un rato. No cesó aquella vibración sino que se hizo más evidente. No me parecía raro ser testigo de aquella sinfonía, lo extraño había sido no haberlo oído antes porque sin duda aquello no podía ser algo accidental, ese temblor era la vida. Y yo ya no podía dejar de oírlo, quería más. Como un milagro empezó a caer una llovizna que casi era una caricia. La lluvia siempre es un regalo, pensé, pero aquella era además un milagro.

    Sin dejar de sentir la frescura en mi cara, me acerqué a un tiesto que colgaba en la pared y clavé los dedos como quien busca un tesoro, escarbando. Luego me acerqué la mano a la cara y con los ojos cerrados de nuevo inspiré profundamente hasta que mis pulmones se llenaron de aquel olor a tierra cavada. Pude oír perfectamente: soy tu madre. Aquél era el acorde que daba sentido a todos los cantos, el que habría y cerraba: la madre, la comadrona y la sepulturera.

    Allí me quedé parado mientras la lluvia se iba haciendo más fuerte y yo iba despertando.

 

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