martes, 21 de julio de 2020

El viento entre las ramas



Hoy me han dicho que te has roto en llanto, que empiezas a ver la derrota, que tus manos ya no encuentran el perfil cierto de las horas, que te sientes tonta porque el mundo se desordena sin pedir permiso.

Y, aunque parezca raro, yo me alegro de que los dos estemos viendo cómo se agranda la misma grieta, de despedirnos juntos, de besar el desierto con los mismos labios.

Me gusta pensar en la sombra del pinar del barrio en verano, en la fragancia de los higos  junto al pozo, en las chumberas repletas, y en aquel perrillo enclenque corriendo entre los zarzales.

A veces vuelvo a buscar aquel viento entre los árboles, y encuentro el hueco que ha dejado aquella higuera vieja.

Cuando nos hayamos ido, ¿quién sabrá leer ese mapa de vacíos?, ¿quién sabrá localizar el sitio que ocuparon las bicicletas?, ¿y la caja de los hilos con que me remendaste el cuerpo una y otra vez hasta que me hice un hombre?

Si nos quedara tiempo, podríamos dejar señales para los perdidos en este paisaje que desenfoca: aquí recogimos piñas, allí nos reímos juntos, este hueco fue un abrazo… ¿te gustaría?

Seguirá el viento soplando entre los árboles, y en el ruido que hacen las ramas, alguien oirá la voz de una madre llamado a su hijo para que vuelva a casa.