viernes, 26 de febrero de 2021

La grieta definitiva


Empiezas a morir  cuando no entiendes el amor de los otros, pensé mientras colgaba el teléfono. Prácticamente había dejado de oírle a media conversación. Me pasa muy a menudo. 

-Lo siento, pero me parece un frivolidad, eso es un circo, un capricho de chavales que quieren llevar la contraria a toda costa, dijo, es mi opinión y tienes que respetarla. 

Justo en ese momento desconecté. Es mi opinión y tienes que respetarla. Cuántas veces había oído decir esa frase para blindar cualquier majadería. Era lo de menos. Lo importante de todo aquello era que mi amigo, la voz del otro lado del teléfono, había empezado a morir. En aquel preciso momento una grieta imperceptible empezaba a abrirse en el mínimo espacio que nos une a todos con la vida. Él no se daría cuenta, claro, porque esa minúscula fisura no se hace abismo en un día ni en dos. Es tan lenta la evolución de esa distancia, que un día, sin darte cuenta, eres una isla de carne rodeada por un mundo que ya no existe. Lo había visto muchas veces. En los ojos, ahí es donde uno puede ver ese mar que nos rodea un buen día, nos aísla para siempre, haciendo de nosotros un náufrago que vive para siempre en un tiempo inamovible. Tal vez sea algo natural, pensé. Como un ensayo de la muerte, la grieta definitiva. Ni siquiera recordaba si le había cortado a media conversación. Uno empieza a morir cuando le molesta el amor de los demás, me repetí mientras abría la nevera buscando un poco de agua fresca.